jueves, 25 de agosto de 2016

Reflexión: Fat acceptance

Hola, soy la bloguera desconocida. O al menos ya lo tengo que ser, ¡del tiempo que llevo sin venir! Pues sí, que me ha dado un volunto y aquí estoy. Si os digo la verdad, no creo que tenga plan de volver a escribir aquí de manera regular. Si bien es verdad que he terminado el curso (exitosamente *-*) en pocas semanas comienzo de nuevo, lo que me meterá en la vorágine académica una vez más.
Acerca de mí, no me puedo quejar en absoluto: me muevo entre los 69 y los 71 kilos, de ahí nunca paso, y como saludablemente siempre... Excepto los fines de semana, ya sabéis.

No he decidido venir sin embargo para hablaros de mí, que ya veis que no hay mucho cambio en mi vida, no. He venido a traeros una reflexión. Desde hace un tiempo he venido observando en el complejo y profundo mundo de la Interné un movimiento -que normalmente se incluye dentro del feminismo, lo cual me fastidia bastante- cuyo objetivo es, a grandes rasgos, normalizar la obesidad. "Fat acceptance", como bien dice el título. Esto me ha llevado a ir, progresivamente, indignándome cada día más. No, no estoy a favor de esto, lo veo absurdo, dañino, surrealista. Y os explico por qué.

Empezaré aclarando que esto no tiene nada que ver con lo que por ahí se conoce como "fat shaming" o "fatphobia", que en cristiano sería (malditos anglicismos): ridiculizar y, en general, meterse con las personas obesas sólo por el hecho de estarlo. Increíblemente, existe mucha gente que cree que éste es el camino para hacer que alguien con obesidad supere su problema; para mí es algo tremendamente ruin. No hablo sin saber, yo he sufrido el fat shaming la mitad de mi vida, y no sólo en el colegio, sino también en mi propia casa. Los que me conocéis os imaginaréis qué ocurrió como consecuencia de aquel acoso que sufrí durante tantos años: uno de los periodos más amargos de mi vida, en los que era capaz de autodestruirme con tal de no estar gorda. "Porque si eres gordo, no eres persona; si eres gordo, eres menos que los demás; si eres gordo, no tienes derecho a nada; si eres gordo tienes que meterte en un agujero y morirte allí". Eso es lo que se me dijo una y otra vez desde que tenía cuatro años. Os podéis imaginar las consecuencias.
Ridiculizar y acosar a alguien por el hecho de ser obeso no funciona. Y no me cansaré de decirlo. Acosar a una persona de esa manera lo único que le genera es depresión y ansiedad, lo que deriva en dos situaciones (ambas perjudiciales): una en la que acaba comiendo aún más, buscando refugio en la comida; y otra en la que acaba con un trastorno alimenticio, obsesionado con el numerito de una báscula. ¿De verdad es esa la solución? Ya os digo yo que no lo es, pero tampoco lo es lo que os voy a contar a continuación.

Desde hace unos meses vengo encontrándome en muchos sitios fotos de mujeres con un sobrepeso/obesidad considerable en las que dicen enorgullecerse de su grasa y de su cuerpo. Y os voy a poner el ejemplo más reconocible y recurrente de todos: la mundialmente famosa Tess Holliday, que es esta mujer que está a la izquierda.  
[Atención: que esto no es una crítica a su belleza. A mí, la verdad, me parece una mujer guapísima, que tiene estilazo, que se pinta divinamente, además de que habrá mucha gente que le atraiga su cuerpo tal y como está (porque oye, eso es subjetivo y no tiene nada de malo). Ese es otro asunto distinto.]
A lo que yo voy es a otra cosa, y es que una mujer de su tamaño es-imposible-que-esté-sana. Por mucho problema de tiroides, por mucho que camine todos los días, por mucha ensalada que coma, NO. Y me molesta profundamente que se esté empezando a difundir este tipo de cuerpos como algo bonito, saludable, y totalmente correcto. Dejando una vez más a un lado lo de ser bonito o no, esto NO está bien, NO es saludable de ninguna de las maneras. Esta chica tiene más del doble de posibilidades de sufrir diabetes, hipertensión, un ataque al corazón, problemas de articulaciones y un largo etcétera que una persona con un IMC normal. ¿Por qué se promueve ahora esto? ¿Por qué? Que exista cada vez más gente obesa no es motivo para que se convierta en modelo, ¡todo lo contrario! Es razón de alarma, síntoma de que algo está fallando. Si ahora de repente empezáramos a poner modelos fumando, ¿verdad que sonaría absurdo? Porque lo es. Y con la obesidad es tres cuartos de lo mismo.
Lo que nos falla es que existen dos extremos: por un lado, no respetar a la gente con obesidad y tratarla como algo que se ha de ridiculizar; y por otro, intentar hacer ver que en realidad la obesidad no es un problema y que hay que aceptarla como tal. Ninguno de los dos soluciona nada. Lo que hay que promover es la educación: por una parte, para que se conozca la manera de llevar un estilo de vida saludable y, por otra, para que se trate a las personas obesas como lo que son: personas con un problema de salud. Un problema que tiene solución, con una dieta llevada por un profesional y, sobre todo, una firme determinación por parte de la persona. La obesidad tiene cura, sólo hay que querer curarse. Igual que cuando uno fuma, igual que cuando uno bebe, igual que cuando uno es adicto al juego. 

También tengo que decir que esto no es una crítica al movimiento que promueve el amor al cuerpo propio (anglicismo de nuevo: body positivity). Uno ha de amar su propio cuerpo, básicamente porque no tenemos otro. Por eso mismo, matarse de hambre para ser delgadísima y comer demasiado sin importar la obesidad deberían ser contrarios a este tipo de pensamiento, no se deberían promover. De las dos maneras estás creándole un perjuicio a tu cuerpo, y esto no puede ser compatible con amarlo: tú no dañas lo que amas, y con esas conductas lo único que estás consiguiendo es una progresiva autodestrucción. Igual que fumando. Igual que bebiendo.


Y hasta aquí llega hoy mi indignación. Os haré saber si sigue creciendo. Me interesan mucho las opiniones que podáis tener al respecto, así que no os cortéis.
Espero también no haber ofendido a nadie. Desgraciadamente -o no-, he estado en todos los lados de la historia: siendo obesa, con sobrepeso, anoréxica y normal (bueno, me falta cachitas de gimnasio, cuando tenga dinero para uno lo intentaré), por lo que he procurado ponerme en el lugar de todos.

Nada más por hoy, amigos.
Os sigo leyendo.

Un besete.

martes, 15 de marzo de 2016

Piensa mientras comes. Corre sin pensar.

Supongo que no soy la única a la que le pasa que cualquier cosa que desestabiliza emocionalmente me hace buscar consuelo rápido en la comida. Es verdad que no me pego atracones infinitos como hacía antes, pero sí me llevó por ejemplo hoy a comerme dos tostadas con paté y mermelada de frambuesa –puesta a pasarme, me paso a lo gourmet–. Y todo por una discusión absurda con mi novio. Me gustaría poder controlarlo, ya no por subir o no de peso, sino porque estaría bien poder afrontar los problemas de alguna otra manera –como esa gente que hace deporte cuando está disgustada, esa gente a la que dios quiere de verdad–. La clave está siempre en lo mismo: pensar. ¿Qué me aporta esto? ¿Soluciono algo? ¿Me arregla el paté la vida? Esa clase de cosas, aplastarme con mi propia lógica.


En el frente del ejercicio, he de decir que hoy di medio paso adelante. Y digo medio porque empecé con una rutina de BBG (Bikina Body Guide) y no pude completarla. Ahí dejo el enlace para que lo veais si os interesa. La idea la saqué del blog de Marmota y me pareció estupenda. El problema es que me veo un poco baja de forma para ello.
Se trata de circuitos de cardio/fuerza de siete minutos, que hay que realizar unas cuatro veces haciendo 90 segundos de descanso entre cada uno. Yo hice dos y me quise morir, así estoy. La propia autora del método dice que es necesario un nivel aeróbico básico para poder completarla, pero yo diría que un poco más que eso. Como dice en artículo de Vitónica al que os enlacé más arriba, en la primera semana ya introduce los burpees, un ejercicio bastante complejo para una persona con un nivel de entrenamiento bajo.
Como la autora recomienda, voy a intentar entrenar unas dos semanas para poder empezar con el BBG. Y para eso lo ideal sería retomar mi rutina de correr, pero me sorprende pensar en lo cobarde que estoy siendo con respecto a eso; que me doy hasta vergüenza, ¿eh? Tengo un amplio abanico de excusas que voy a refutarme ahora mismo:
– Hace mucho frío para salir a las 8:30 h. de la mañana como solía hacer antes.
Verdad, a las 8:30h. de la mañana, por mucha Andalucía que sea ésta en la que vivo, hace un fresquete importante, que por mi falta de equipamiento no sería lo ideal si no quiero pillar una pulmonía. Pero podría salir a las 11:30h. (hoy a esa hora hizo 14ºC) sin problema ninguno.
– Ya, pero no puedo salir después de haber desayunado, con el estómago lleno. Y, como es obvio, no voy a estar sin desayunar hasta las 11:30h. de la mañana...
No es necesario salir recién desayunada, si me levanto a las 8:00h., a las 8:15h. toca desayunar, para las 11h. está la digestión más que hecha. Y santas pascuas.
– No tengo hambre a las 8 de la mañana.
Pues me aguanto y desayuno igual.
– Salir a media mañana me corta y me quita tiempo a la hora de estudiar y hacer cosas de la facultad, a la que voy por las tardes.
Mira, maja, de 9:00h. a 11:00h. a estudiar, que eso debería ser suficiente, ¡que lo llevo todo al día!
– (La más ridícula de todas). Hay mucha gente por la calle a esa hora y me da vergüenza que todo el mundo me vea con mis pintas de correr.
Claro, porque la gente no tiene nada mejor que hacer que mirarme a mí por la calle. Y si lo hacen, ¿qué van a decir? ¡Una persona que viene de correr! ¡A la hoguera! Pues no. Que todavía me siga dando palo esto... Me dan ganas de pegarme por tonta.

Pues hale, mañana no hay excusa que valga.
¡Os quiero seguir leyendo bien!

Beso,

Noa.




jueves, 10 de marzo de 2016

Resoluciones

Las aguas van volviendo a su cauce. He pasado este último par de semanas por una mala racha: problemas familiares que me han hecho estar decaída, sin mucha gana de esforzarme por hacer nada que no fuera ir a clase. A esto se le suma cierto desánimo por la Universidad este cuatrimestre, dado que el anterior fue apasionante y éste me da ganas de defenestrarme: el tedio en su máxima expresión. Pero no permití que fuese a más. Esta semana la empecé con ganas, llevando a cabo esas rutinas que os comentaba en la entrada anterior, y todo parece volver a encarrilarse de a poco.

Acerca de mi peso actual todavía no puedo hablar, ya que el día oficial será mañana. El sábado pasado lo hice, sin embargo, después de una semana de despreocupación absoluta, y rondaba los 73, nada desorbitado. 
De esto del peso venía yo a hablaros hoy, ya que es algo que he venido planteándome los últimos días. Si bien es verdad que lo máximo para no caer en el sobrepeso son para mí 77 kg. y que estoy relativamente cómoda en mi peso actual, he llegado a la conclusión de que no me gustaría quedarme tal cual estoy. Cuidado, que no estoy descontenta con mi cuerpo -ya no, ¡yey!-, ¿eh? Soy de caderas grandes y cintura pequeña, nada de barriga (aunque tampoco mucho pecho), bastante proporcionada y muy a gustito: no tengo problemas con eso. Pero sí hay una cosa que me molesta sobremanera: estoy fofa. Sí, amigos, es un hecho. Tantos años de subi-baja me han pasado factura, y si me ponen a bailar el waka-waka parezco gelatina. ¿Solución mágica para esto? Pues hacer ejercicio, nada nuevo en la viña del señor.
En relación con esto, y dado que en mi casa la crisis todavía no es historia como dicen por ahí, me es imposible apuntarme a un gimnasio, por lo que he estado fichando rutinas para hacer en casa (básicamente para tonificar un poco: lo típico de hacer mancuernas con paquetes de arroz y kettlebells con garrafas de aceite Hacendado) y volver a correr en cuanto el clima me permita no congelarme la tráquea. Por lo pronto, en cuanto a cardio, voy cada día andando a la facultad. Y diréis, vaya caca, ¿no? Pues no tanto. Son 40 minutos de subidita (desde mi casa) que acaban con 843297523 escaleras, por lo que no está mal. [La cuesta infernal de la Cartuja tiene hasta página de Facebook, para que veais el nivel] De vuelta son 30 minutos más o menos, pero cuesta abajo, ni los cuento porque voy como Heidi por la pradera.
Además, quiero bajar un poco más de peso. ¡Lo justo para poder ponerme una talla 42 sin esfuerzo! -Actualmente, dependiendo la tienda, es o no la Odisea-. Ya sé que lo de las tallas es muy relativo, pero espero que entendáis a lo que me refiero. No estoy gorda, y lo sé, sólo me gustaría tener un peso menos cercano a la frontera del sobrepeso. Quiero llegar a 67. Dado que el máximo para mi altura serían aprox. 77 y el mínimo 56, me parece un buen número, un ni pa' ti ni pa' mí. 
No, no voy a convertir esto en una batalla contra mí misma, ni nada por el estilo. Sabéis que he aprendido a tomarme las cosas con calma y así lo pienso hacer. Nada de estrés, ni plazos de tiempo, ni agobios: sólo ejercicio, y dejar los dulces y las pizzas para los fines de semana. 

Fiuf, necesitaba escribir esto para aclararme un poco, la verdad. 
Bendito blog. Espero no haberos taladrado demasiado.
Me pasaré a leeros en breves y gracias mil por vuestros comentarios.

Besos, corazones.

Noa.

lunes, 22 de febrero de 2016

Rutinas a mí

Maldita sea mi estampa, que he tenido que leer mi última entrada porque no me acordaba qué era lo último que había escrito. ¡Hasta ahí llega mi dejadez! Pero, ains, qué semanita me he pegado, amigos.
Después de un finde de terror –en el buen sentido– que os comenté en la entrada pasada, en el pueblo con mi familia, mi novio y los dulces, volví a Granada con ánimos renovados... Ánimos renovados cuyo objetivo era uno, y sólo uno: no hacer absolutamente nada. Unos días tranquila, en casita, sin más responsabilidad que subir a clase unas horitas al día y volver. volver a no hacer nada... (suspiro)
La semana parecía avanzar feliz y relajada hasta que empezó a irse todo un poco de las manos. ¿Como cuando empiezas por una oncita de chocolate y acabas abriendo de paso un paquete de galletas para que no falte de nada? Pues así. Empecé unos días levantándome más tarde de lo normal y, a medida que iba pasando la semana, los días se me fueron atragantando, sin tiempo de nada. De repente, empecé a agobiarme, como si nada funcionara... Y en ese momento decidí que la etapa de estado vegetativo llegaría hoy, lunes, –tras un merecidísimo fin de semana dedicado a mi chati, que lo tenía muy abandonado–, a su fin.
El día a día. Un no parar.
Claro que el ajetreo vivo que fue el último mes tuvo cierto efecto en mi alimentación, como era de esperar. He aquí aspectos clave:
– ¿Durante el período de exámenes qué comí? Ni idea, sólo recuerdo olor a café.
– ¿El fin de semana en el pueblo qué aconteció? Voy a destacar tartas de cumpleaños ajenas.
– ¿Semana vegetativa? Lo que cayera o cayese, tampoco es que me preocupara en demasía.
– ¿Estos últimos dos días? Amor y pescaíto frito.
– ¿Me arrepiento? Qué va, me encanta comerme la vida, con todo lo que tenga que venir.
No obstante, he de confesar que son esas mañanas de rutina las que en realidad estructuran mi vida diaria. Mi señora madre crió a sus hijos como personas organizadas y consiguió que lo fuéramos –o al menos al 50%, aprox.–, por lo que el gustirrín que me dio esta mañana poder hacer todas las cosas que tenía pendientes y que me diera tiempo es del todo indescriptible.
Porque hoy sí que sí: mi madrugón, mi rutina, mis libros, mi plataco de lentejas y a clase –voy a clase por la tarde, no desayuno lentejas, ¿eh?–  Y así quiero seguir haciendo así las cosas, de forma ordenada. Me doy cuenta de que cuando soy más eficiente, me alimento y me siento mejor sin necesidad de mucho más esfuerzo. Y todo esto comienza de forma inevitable con levantarme a una hora prudencialmente temprana –para mí, las 9:00h. son un estrepitoso fracaso, para que os hagáis una idea–. 

Igual no sabéis esto de mí, pero si hay dos cosas que me gustan en la vida son comer y dormir. Y si puedo elegir, duermo. Así que la dificultad del reto podemos decir que es astronómica (o no, la verdad es que no sé si ese adjetivo es correcto en ese contexto, pero ahí queda para gusto de todos).


Me paso a veros, guapérrimos.
Beso,

Noa.


PD: Tras el finde en el pueblo me pesó de nuevo: 74,5 kg. El viernes me volví a pesar: 72,4. Después me llaman loca a mí.

viernes, 12 de febrero de 2016

Exámenes are gone

¿Que si recordaba lo horrible que era estar sentada en una silla ante un flexo durante más de 14 horas al día? Bueno, sí... PERO NO. Qué horrorismo –efectivamente, no sé hablar en castellano más (?)–. He sufrido, pero al fin ha terminado la pesadilla. ¡Ahora no sé que voy a hacer teniendo eso-que-la-gente-llama tiempo libre!
La verdad es que no he ni mirado lo que he comido a lo largo de estos últimos ocho días. Sinceramente, ¿eh? No tengo ni idea. ¡Pero si ya ni siquiera sé lo que es vestirse con algo que no sea el pijama!
Y para seguir animando la cosa, os voy a contar otro capítulo de mi exitante de mi historial médico. Resulta que, probablemente a consecuencia de pasarme veinticuatro horas sentada, empezaron hace unos días a darme calambres en las pantorrillas. Sabéis el dolor calambril cómo es, imagino. Entre eso y la falta de sueño mi única ambición en la vida pasó a ser meter la cabeza en el horno.
Y aquí estoy, sentada escribiendo para variar la vida.
Pero ¡que se ha acabado! Este fin de semana tengo que recuperar cumpleaños, visitas familiares y, por tado, comidas copiosas. Me-da-igual. Que he gestionado mucho sufrimiento y habrá que recuperarse.

El lunes vuelvo a la rutina y espero que a correr. O igual no, porque han anunciado ola de frío de hasta –7ºC en Granada, y con esa temperatura aquí va a salir a correr Perri. Pero al menos podré volver a cocinar y comer normal –se echa de menos la comida sana, os lo digo muy en serio, podéis odiarme–.

Volveré con más novedades y con más frecuencia.
Un besazo,

Noa

jueves, 4 de febrero de 2016

En bucle

Os estaréis extrañando porque he tardado menos de una década en publicar de nuevo, lo sé. Pero así soy yo, una caja de sorpresas. 
Yo. Últimamente. Todo el tiempo.
En breve me retiraré a la cama para mañana levantarme a continuar con mi excitante vida... Que puede resumirse en: levantarme, café, estudiar, cocinar, comer, estudiar, mirar por la ventana por cambiar de paisaje, estudiar, cenar, dormir... Levantarme, café, estudiar... Ejem, eso, que entro en bucle.

Pero ¡eh! Hoy añadí un elemento nuevo al bucle: una rutina de ejercicios. Sí, porque si me quedaba sin hacer nada más que esto la planicie de mi trasero iba a ser difícil de creer. Incluso iba a poder medirse con el nivel de los albañiles (sí, la regla con burbujita).


En qué consiste: repeticiones de los siguientes ejercicios – pinchad para ver un dibujito –
20 sentadillas
20 estocadas
20 estocadas laterales
20 levantamiento de pierna (atrás)
20 levantamiento de pierna (lateral)
20 levantamiento de cadera
20 abdominales con piernas
Entiendo que, con esos nombres –alguno que otro invención mía–, penséis que puedo estar haciendo el ridículo, pero ¡no se me ocurría nada mejor! No puedo salir a correr, ya que me lleva más tiempo del que dispongo, y con esto, en 20-30 minutos estoy terminada. Ya sé que no es lo mismo, pero mejor que una sentada continua de 24 horas...

Empecé esta mañana... ¡Oh, agujetas, venid a mí! Pensaba hacerlo todos los días, pero no sé si quiero morir de esa manera. Al menos tres veces en semana, eso seguro.

Y ya os abandono, amigos. Así como vine, sorpresivamente, me voy (?)
 Pasaré a leeros en cuanto pueda.

Beso,
Noa

martes, 26 de enero de 2016

Feliz cumple, Blog

Mi rincón... –vale, no, el mío es tan mono–
Ay, salvadme. Porque sí, ya están aquí, no se han hecho esperar, inevitables y a veces también impredecibles, son... LOS EXÁMENES. [rayo y trueno terroríficos]. Ahora estoy aquí, mientras se hace el estofado que me pienso meter entre pecho y espalda en breves –porque yo lo valgo– pero en un rato vuelvo a la condena. Hasta el 12 de febrero pringada, amigos. 
¿Que cómo voy? Bueno, en las vacaciones engordé mis dos kilillos navideños de rigor, como ha de ser, pero fue volver a mi rutina –la primera semana con cierto esfuerzo, si os digo la verdad, después de las sobredosis de azúcar– y volver también mi peso normal.
Esto es algo que ya he mencionado alguna vez, que mi cuerpo empezó a hacer hace poco: recuperar el peso normal después de una época de excesos, sin demasiado esfuerzo. ¿Cómo? No me cansaré de repetirlo: NO haciendo dieta, sino habiendo cambiado de hábitos y bajado de peso lentamente. Punto. No hay más. Mi progreso ha sido un kilo por mes de media, y no he vuelto a recuperarlos, y la verdad es que este cambio fue posible gracias a mi querido brisanorte.blogspot...

Hace poco me acordé del blog, así, de repente. Más concretamente el 18 de enero, día en el que hizo exactamente un año del comienzo de este rinconcito virtual. Uno de mis grandes triunfos de 2015, sin lugar a dudas. Gracias a este pequeño espacio hoy soy una persona distinta a la que era hace un año: más consciente, más responsable, más feliz. No sólo porque gracias a estar aquí he perdido casi doce kilos -pero para qué os voy a engañar, eso MOLA TAMBIÉN-, sino porque me he mantenido fiel a mí misma, perseverante, consciente y, sobre todo, sana. 
Para repetirme un poco más, y como si de un discurso de agradecimiento de los óscars se tratara, me gustaría hacer un pequeño homenaje a todas esas personitas que han entrado a leerme, animarme e incluso a regañarme cuando me veían obsesionarme más de la cuenta
Hoy, a pesar del sedentarismo producido por esta ajetreada vida académica (?), me considero una persona sana, que no se obsesiona, que come de todo, y que puede decir orgullosa que va dejando su trastorno alimenticio cada vez más atrás.

Como dije en mi primera entrada, el objetivo de este blog era conseguir ordenar mi vida y mi mente. Y así ha sido –al menos en parte, que tampoco he perdido mi caos natural–. Voy a continuar viniendo, pero no como persona que necesita perder peso, sino como persona que busca una vida cada vez más saludable. 

Eso sí, K.O. hasta el 12 de febrero.
Y ya está, que Shakespeare me llama.

Os quiero leer felices.
Besos,


Noa. 

domingo, 20 de diciembre de 2015

Noa·navidad

Ya, yaa... Que no cumplo con nada de lo que prometo ya, ya, soy consciente, amigos y amigas. Y siento mucho no poder volver. Pero en estas truculentas fechas que se aproximan, ya de forma inevitable e irreversible, he venido viendo la utilidad del blog cada día más irresistible. 
El motivo por el que no he podido escribir ha sido, básicamente, el mismo que me mantuvo fuera también antes de mi entrada anterior: los estudios asedian mi vida. Eso sí, no os voy a engañar, soy muy feliz ahora mismo. Me va bastante bien en la universidad, con mi chico sin peros, me han concedido la nacionalidad española tras casi dos años de espera -¡yey!- y con mi figura... Pues estoy bien, sin mucha variación desde la última vez. Sin embargo, con respecto a esto mismo, tengo cierta preocupación, y de ahí mi presencia hoy aquí -Hola-. 
No sé qué será, si los estudios, si la cercanía de estas fechas borrascosas -"moviditas" me refiero, que de borrascas nada, señores, y ya está bien, a ver cuándo llega el invierno-, la cuestión es que he perdido la motivación, el buen hábito, y no puede ser. Lo peor es que sé hacerlo bien, sé que todo es una cuestión mental: sé lo que está bien, que antes de comer tengo que pararme y pensar qué voy a hacer y para qué. El problema es que me dejo llevar, como lo que no debo -incluye dulces y panes, y grasas, y caca en general-, y tenía que hacer algo para pararlo. Así que, como he dicho, para eso estoy aquí, para intentar ponerle solución.
Algo que también necesita mi atención es que he perdido el hábito de correr. :( Lo más triste es que el reto que me propuse en la anterior entrada -correr tres veces en una semana- lo conseguí. Peeeero... A partir de ahí empezó el agobio y acabó mi vocación de Usain Bolt. Y así, pues no amigos, así no funciona la vida.
Así que para intentar poner remedio a esto, dejo aquí escrita tarea para el próximo día:
  • Pensar antes de comer: ¿tengo hambre? ¿quiero volver a engordar, con todo lo que me ha costado llegar hasta aquí? ¿es mi última cena? -bueno, esto último no lo sabré, pero seré optimista-. 
  • Correr mañana -sí, día electoral, que como yo no puedo votar hasta no tener mi DNI, pues nada, a correr-.
  • Volver al blog para contároslo.
¿Bien? Me gustaría que pudiéseis mandarme una colleja virtual si fallo o no vuelvo. Si no virtual, por mensajero, o algo. Éste va a ser mi concepto de Navidad. Esto, y estudiar, claro -he aquí una chica responsable-.
Me pasaré pronto a veros, prometido. 

Beso, 

Noa.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Challenge 1: accepted.

¡Holita lejano!
Sigo desaparecida, chicos, y no creo que al cosa mejore mucho: me es tan difícil llevarlo todo para adelante... Lo único que hago en mi vida es correr, estudiar, ir a clase, dormir y comer como una leona. 
Tengo muchas ganas de contaros el cambio que ha sufrido mi vida últimamente -gordísticamente hablando-. Estoy más delgada, todo el mundo me lo nota, sin embargo mi peso no ha sufrido ninguna variación drástica: estoy entre 71 y 72 kg. Sí que es verdad que la figura de la báscula ha ido perdiendo peso en mi vida -brillante juego de palabras el mío, ¡ni Pérez Reverte, vamos!-. Me peso para más o menos ir guiándome, pero ya sólo una vez en semana (y si acaso).
¿Por qué cambio gordístico?, diréis. Es algo desconcertante, pero siento como si comiera más de a lo que estaba acostumbrada y... ¡no engordo! ¡Incluso he adelgazado! *gritos de júbilo* Mi incredulidad sigue siendo mayúscula, pero, si lo miramos fríamente, lo más probable es que se deba a mi creciente afición al correr -el running de ese que tanto gusta hoy-: llevo ya más de dos meses haciéndolo de forma más o menos constante y recién ahora empiezo a notar algún cambio. Tampoco quiero echar las campanas al vuelo e ir a comprar tres kilos de polvorones, pero os tengo que decir que poder comer con más libertad y que eso no repercuta de forma notable en mi peso, es como ir en la nube voladora de Goku -más o menos, para que os hagáis una idea aproximada-.

(le faltan las comas, I know)
Sí, amigos. Corro.
Corro como los cobardes, y no lo hago sólo por perder peso, sino porque siento que es bueno para mi salud, tanto física como mental. No pensé que llegaría a este punto -fe en mí cero tenía-, pero es que me hace querer superarme cada día más y más. Es una continua renovación de metas que me mantiene motivada. 
Sin embargo, por una cosa u otra a veces lo acabo postergando: desde que empecé el 24 de agosto, hubo dos semanas en blanco en las que no salí (entre ellas la semana pasada). Esto merma mi rendimiento y hace que vaya para atrás como los cangrejos más de lo que me gustaría... Y por eso pensé que sería bueno volver al blog. Una vez por semana -escribir más a menudo sería ahora mismo para mí sólo posible con ayuda divina-, y con el objetivo de plantearme pequeños retos semanales de los que vendré a dar cuenta fidedignamente.

Esta semana me pongo ya en marcha, y mi reto será:
Salir a correr por lo menos tres veces esta semana.
Pensaréis que tras más de dos meses haciéndolo esto ya debería ser para mí pan comido, peeeeero... No. Y mi perdición se llama: sábanas de invierno. Con lo calentitas que están y el fresquete que hace ya por las mañanas, ¡a ver qué ser consigue salir de ahí sin una encarnizada lucha interior! Y yo si no madrugo, no corro. Ha de ser lo primero que haga por las mañanas, ya que el resto la dedico a estudiar; y si tengo que sacrificar una de las dos cosas, el correr es siempre el perjudicado.
Esta semana, madrugar será la secuela del reto que me he planteado, a ver si le echo coj... Ehm, coraje. No haberlo conseguido siempre es lo que provocó que tuviera esas semanas en blanco, en las que sacrifiqué el correr por el estudio.
En una semana os cuento si fracaso o no, y, en caso afirmativo, contra qué pared me doy de cabezazos.


Mañana os intento comentar, prometido en público queda.
A cuidar el serranismo.
Besos,

Noa.

PD: Curvi, ¡yo también te echo de menos! ^^

jueves, 15 de octubre de 2015

Abducción.

¡Ay, Señó'! Al fin tengo un ratito para pasarme por aquí, amigas y amigos. Echo mucho de menos poder escribir más a menudo, pero ¡eso sí! Que os leo desde el móvil en mis insignificantes ratitos libres, ¿eh? El infalible antigrasa de Amelia -Fairy forever, jajaja-, lo bien que va Curvitas que ya se va alejando cada vez más de las tres cifras -enhorabuena ^^-, la receta de tallarines de calbacín de Ceci -hoy mismo lo estoy haciendo, ¡ñam!-, las celebraciones de Pili -¡felicidades atrasadas, guapa!-... En fin, que me da alegría leeros y siento no poder comentar todo lo seguido que me gustaría. :(

Y diréis, ¿por qué tanta desaparición? ¿Es que me han secuestrado? ¿Abducido? ¿Amordazado? Pues más o menos. ¡Que la facultad me tiene chupada la vida! Los días de semana lo único que hago es estudiar -hoy se han alineado los planetas y no tengo casi nada que hacer- y los fines de semana los aprovecho para estar con mi chico y mis amigas... ¡Así que ya veis! La verdad es que estoy contenta, me noto totalmente distinta a como era hace cinco años en la facultad: he perdido la vergüenza para hablar en clase, me intereso por prepararme todas y cada una de ellas, me esfuerzo más que nunca, algo que me hace sentir realizada. ^^ 
Es verdad que ayer me dieron un palo con respecto a las convalidaciones de mi antigua carrera... Todavía no tengo la resolución sobre si me las aceptarán o no, pero me encontré con un chico que estuvo en una situación muy parecida a la mía (si no, casi igual) y al que no le convalidaron casi nada. Estoy muerta de miedo. Como sea así, me quedarán uno o dos años más de los que esperaba para acabar la carrera y no creo que mis padres puedan permitírselo -mi hermano entra en la facultad supuestamente en dos años y a él también tendrán que mantenerlo-. En fin, intento no preocuparme en exceso, que ya tendré tiempo de sufrir si al final me dicen que no me convalidan nada, pero es más fácil de decir que de hacer. Por eso, procuro mantenerme ocupada. Pongo todo mi empeño para que todo salga perfecto en las asignaturas a las que me he apuntado: me he convertido en la pesada-cansina que siempre interviene en clase, y me encanta, jajajaja.

Aparte de esto, con respecto al peso y recordando mi entrada anterior, teníais mucha razón y os agradezco los comentarios, sois todo amor. Poco después de escribir esa entrada me vi en los 75 kilos again. En principio me enfadé, la verdad, pero luego decidí seguir vuestro consejo -que fue bastante generalizado-: no me agobié más. Seguí a lo mío, haciendo deporte, centrándome en la facultad, comiendo sano... Y ahora ya veo los resultados. Vuelvo a ver un 72,9 kg. en la báscula y ya no sólo eso, si no que la ropa me está más ancha y me siento mucho más ligera.
Sigo corriendo, y la verdad es que me va bien. Ya hago 45 minutos seguidos, ¡yuhu! Vale, que voy a un ritmo en el que me adelantan hasta las abuelas que salen a caminar. Un ritmo que si fuera más lento, iría directamente para atrás. Un ritmo que... Bueno, creo que ya se ha entendido. Oye, ¡algo es algo!


Seguid cuidándoos que la Navidad ya está aquí y habrá que estar ya buenorros/as para poder comer polvorones sin (mucha) culpabilidad. ¡He dicho!
Un besazo fuerte,


Noa.

martes, 29 de septiembre de 2015

El hambre es sólo mental


¡Muchachada!
Aquí sigo, en la sombra. La verdad es que después de escribir esta última entrada en la que relataba lo terrible aquella semana había sido vino... Otra semana terrible. Calcada, idéntica y horrible.
Supongo que tengo derecho a tener algún bajón, aunque éste se haya prolongado más de lo que me gustaría. Digamos que me invadió una frustración al verme, de repente, subir en la báscula, haciendo deporte y sin haberme llegado a pasar con la comida -tampoco cuidándola, todo sea dicho-. Vale, que estoy poniendo el grito en el cielo por algo que igual no es tan apocalipsis como lo parezco insinuar, que sigo en el entorno de los 74kg. -gramo arriba, gramo abajo-. Pero después de tirarme más de la mitad del año bajando y bajando, el estancamiento me jode importuna más de la cuenta.
Aunque viéndolo desde otro punto de vista, y siendo honesta, he de contar las cosas como son: sí, me he estancado, pero no he puesto todo lo que hacía falta para salir de ahí. En esta última semana he vuelto a dejar de lado la planificación de las comidas, algo que ha sido trascendental todos estos meses y que, por un motivo que sólo el altísimo sabrá, dejé de hacer de repente. Todos conoceréis el círculo vicioso en el que entré: subo de peso, me esfuerzo, hago deporte, correr da hambre, como, como, subo de peso, me esfuerzo, hago deporte, correr da hambre... Y claro, a ver quién es el guapo que llega a buen puerto haciendo tal cosa.
La semana pasada incluso dejé de lado el peso porque volví a estar muy enfadada conmigo misma y eso lo único que iba a conseguir era enervarme aún más. Y no queremos eso. Que yo soy de las que buenas a primeras te tira básculas por la ventana.
¡Pero se acabó todo! Para esta semana ya decidí de-verdad-de-la-buena-buena poner fin al diabólico círculo. No puedo dejar que el hambre dirija mi vida, porque a saber dónde me podría llevar eso. Como bien puse de título -que se lo debo y dedico a Matrioska, por cierto, me encantó jajaja-: el hambre es sólo mental. Y he podido con cosas peores. Así que ayer me puse manos a la obra: volví a mi plan de comidas -MyFitnessPal is back- y ahora todo parece marchar un poco mejor. Tampoco quiero cantar victoria, que después dicha victoria vuelve en forma de hostEJEM.

Volveré a escribir más aquí, pero tampoco puedo prometer nada diario, ya que la semana pasada empecé a ir a la Universidad de nuevo -¡vivaaa!- y tengo menos tiempo: entre los trabajos, ir a clase, las cosas de la casa, hacer deporte... Otra cosa no, pero polivalente soy una jartá -como dirían aquí-.

Mañana por la mañana me paso a ver qué hacéis con vuestra vida y a ver si lo habéis estado haciendo mejor que yo (que no es difícil, por cierto). Os agradezco muchísimo vuestros comentarios, ¡que sois el majismo hecho blogger!


Besetes y cuidaos del otoño.

Noa.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Tirón de orejas

Llevaba tiempo sin dejarme llevar por aquello a lo que todos conocemos como de perdidos al río, pero precisamente ése sería el título que le pondría a esta semana que acaba de finalizar. No estoy segura del motivo exacto que me llevó a ello, pero no voy a buscar uno para excusarme y utilizarlo cada vez que pierda el control. He tenido un hambre atroz y todo esfuerzo que he intentado hacer ha brillado por su insignificancia y consecuente ineficiencia.
Desde que comencé esta aventura para lograr llevar una vida saludable, muy pocas veces me he arrepentido de haberme permitido algo más con respecto a la comida. Era consciente de que, para lograr cambiar de hábitos de una vez por todas, era estrictamente necesario darme un número de comidas libres de forma sistemática (en mi caso semanal) y, por encima de todo, tener paciencia. Lo tenía claro: no se trataba de hacer dieta -entendiéndose ésta como un período de restricción que duraría hasta que se alcanzase el peso ideal-, si no de conseguir un cambio de hábitos a largo plazo. Entendía, pues, que las salidas de plan o caprichos de los que pudiera disfrutar eran parte del proceso, y que, siempre que fueran de forma esporádica, no había nada de lo que arrepentirse, ni mucho menos por lo que hundirse.
Hoy suelto todo esto porque realmente estoy un poco decepcionada conmigo misma. No es que en los últimos días me haya dado más caprichos de la cuenta, es que ni siquiera conseguía deleitarme: sólo engullía con un hambre voraz, algo que ha caracterizado a esta última semana. Esto me enfada sobremanera, porque no he sido capaz de pararme ni de impedir esa manera de comer automática y descontrolada.
Perdonadme por este rollazo, pero la verdad es que necesitaba escribir esto para verlo de verdad. No me puedo permitir esta actitud, más que por la pérdida de peso en sí (algo que siempre tendré tiempo de retomar), por una cuestión mental. No puedo dejarme controlar por la comida, eso sería volver a otro tiempo que no quiero siquiera recordar: yo soy la que manda en mi cuerpo, la que decide, y nadie más.
VALE. Hablemos de más cosas.
Reto personal para esta semana: no picar mientras preparo de comer.
¿Por qué? Ha sido mi particular talón de aquiles esta semana. Es el momento del día que más me cuesta controlar y quiero intentar superarlo. Os agradezco consejos o sugerencias si a alguno os pasa, que me desquicia no poder dejar de llevarme algo a la boca mientras hago la comida... Y diréis: bueno, pero al menos después comerás menos, ¿no? Qué va, como lo mismo, no me voy a perder algo que yo misma he preparado, ¡con lo buenisísima cocinera que soy! Jajajaja.

Tampoco penséis que me voy a hundir en la miseria por esto: no me rindo, amigos, nada de eso. No he caído en un abismo, sólo ha sido tropezón que tengo que superar. ¡Vamos, vamos, que lo consigo!


Gracias por vuestros buenos deseos en la entrada anterior, todavía no sé nada de las convalidaciones, ya que resulta que hoy no es lectivo -¿por qué? Buena pregunta- y recién mañana podré hacer los trámites necesarios. Así que, nada de apagar las velas.
Me gusta que mis entradas tengan cierto punto de humor, ya que así es como soy yo -ácida, muy ácida-, pero hoy necesitaba darme una regañina, espero que no me lo tengáis en cuenta. :D

Ánimos a todos, y a mí, ¡que estoy necesitada de ellos!
Besos,

Noa.

jueves, 17 de septiembre de 2015

La crónica de la semana

¡Holita!
¿Cómo va ese septiembre saludable? Tiene razón Curvitas en que estamos todos un poco parados, ¿no? En mi caso, he estado un poco liada entre asuntos de la facultad, de casa y de médicos. Pero voy a ir por partes -como diría el viejo Jack-.
Ejercicio.
En tres palabras os lo puedo definir: oh-yeah-yeah. ¡Ya he conseguido correr más de 40 minutos! Sí, amigos, haciendo un esfuerzo sobrehumano, me compré un reloj con cronómetro por la increíble cantidad de seis euros. Así que ahora que he conseguido hacer el recorrido entero corriendo -4,4 km.-, he empezado a medir el tiempo que tardo e intentar superar mi marca. Sin embargo, no llevo ni un mes corriendo y tampoco quiero forzar. Salgo dos veces a la semana y los findes hacemos la ruta en bici de la que siempre os hablo. Vengo de la cultura del sofá y el culo plano, ¿vale? No voy a empezar por salir una hora/cinco días a la semana porque no tengo intención de provocar mi muerte aún.
La semana pasada justamente cometí un error de este estilo: martes: 40 minutos corriendo - miércoles: 60 sentadillas - jueves: desintegración de las piernas. Nada que no se cure con cuatro días de descanso, ¿eh? Así que el martes volví a la carga, hoy jueves de nuevo, y voy como una bala, amigos. Tengo que cuidarme, eso sí, que el domingo me atacó un dolor de rodilla diabólico... Lo que nos lleva al siguiente asunto.

Mi salud que, es de todo, menos de hierro.
Si bien conocéis bien el historial de mi salud mental -crazy, crazy-, tampoco mi salud física ha sido nunca para tirar cohetes. Debido a que soy bastante alta, tengo las caderas anchas y las piernas delgaduchas, sufro de algo a lo que llaman piernas en X, es decir, mis rodillas tienden a irse para el centro -tal que así, pero no tan exagerado-. De ahí que el domingo mi en-exceso-inquieta rótula izquierda me diera un porsaco increíble. Para que esto no ocurra, tengo que hacer ejercicios de abductores y demás músculos de la pierna para que la rodilla me deje vivir.
A esto podemos sumarle mi esguince-mal-curado de tobillo izquierdo -la izquierda no es mi lado prefe, está claro, ¿no?-, para el que tengo que ejercitarme frecuentemente con una cinta si no quiero recaer.
¿He llegado ya al punto en el que decís ay, la pobre? ¿No? Bueno, no os preocupéis: todavía hay más y peor. Por un dolor de pelvis que llevo teniendo desde hace un par de meses, me dieron cita para el ginecólogo: no me descarta una endometriosis minúscula, pero lo que tengo seguro es Síndrome del Ovario Poliquístico -es ya una epidemia esto-. Para los menos entendidos, el SOP provoca: reglas irregulares y dolorosas, caída del cabello, acné, salida de más vello, obesidad, entre otros. Su nombre es un poco desafortunado, ya que las que sufrimos de esto no tenemos por qué tener quistes: se le llama así porque el ovario tiene forma como si los tuviera. La ginecóloga me enseñó la ecografía y ¡madre mía! Qué cosa más deforme y fea. Encima, son ovarios que ovulan cuando quieren, vagos vaguísimos... Un encanto de órganos, vamos.
Solución: como casi todo en ginecología, anticonceptivos orales, again. La vuelta a las pastillas ha comenzado.

Terreno académico.
Ya es oficial mi entrada en el Grado de Estudios Ingleses. Si se producen las convalidaciones de mis años de Filología Inglesa -si sois creyentes, poned una velita para que esto ocurra, y si no lo sois, también: yo lo haría y soy más atea que las rocas :( -, en dos años podré sacarme el Grado de una vez por todas y tal vez luego poder hacer algún máster de algo que me guste... Porque sí, detesto esta carrera mucho, pero estoy infinitamente contenta de poder volver a estudiar y ver aunque sea un poquito de luz al final del tunel. El lunes sabré la resolución de las convalidaciones y os contaré... -recordad: velas-.


Ya podéis suspirar aliviados que la entrada kilométrica acaba aquí.
¡A ver si vuelven a la blogosfera los que faltan, que está esto muy callado!
A cuidarse y a comer fruta,

Beso,
Noa.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Recupero el norte


¡Aloha!
Ya estoy, chicos, ya estoy encaminada. Cuatro días después de volver de mis vacaciones, y ya me he quitado de encima 800 gramazos. Y eso que durante esta semana cuidar la alimentación ha sido más difícil de lo que esperaba. He tenido un hambre atroz, sólo los agujeros negros que se tragan hasta la luz podrían comprenderme. Me he mantenido, a pesar de esto, en las 1.500kcal. diarias -doscientas más de las que solía comer- y aún así tuve que hacer un ejercicio de contención propio de la fortaleza del Abismo de Helm en la batalla contra Isengard -Hola, frikismo-. Claro, esto tiene cierta explicación si tenemos en cuenta que he hecho bastante ejercicio casi todos los días y que vengo de unos cuantos días de viva-la-Pepa.

Recuperando el tema que quería abordar en la entrada anterior y que se vio eclipsado por mi arrebato de reivindicación semántica -me alegra por cierto no estar sola en mi tiranía, gracias por comentar-. Ya soy casi una corredora habitual, amigos -que no runner, eso never-, y quería contaros cómo me dio por empezar y qué tal está siendo la experiencia. Llevaba un tiempo dándole vueltas, ya que mis ingresos no dan para apuntarme a un gimnasio y que, a pesar de que tengo bici, las rutas que conozco, o son muy sencillas, o son demasiado empinadas... Y yo, amigos, sólo quería ponerme un poco en forma, en lo posible, sin morir en el intento.
Mi chico y yo salimos por primera vez ya hace más de dos semanas: sin reloj, sin móviles, sin control alguno, y teniendo en cuenta lo maniática que yo soy, fue en principio un poco desconcertante no saber siquiera el tiempo que llevaba. Mi intención fue salir, sin más, correr hasta donde pudiese, como si no hubiera mañana. Y lo conseguí ¡yey! (aunque mi novio se vio obligado a salir el doble de días para verdaderamente hacer algo de ejercicio, lo mío no contaba ni para quemar la tostada con tomate del desayuno).
Lo verdaderamente difícil fue lo que vino después: levantarme temprano dos días después para volver a salir, ¡oh, sufrimiento! Aquí llegó, sin embargo, aquello que me hizo seguir hasta hoy... Diréis, ¿el amor incondicional hacia mi pareja que decidió acompañarme, sin importarle que salir conmigo suponía la misma cantidad de deporte que tumbarse en el sofá? Pues no, no fue eso -qué afortunado es de tenerme, ¿eh?-. Lo que me hace seguir día a día, sudor tras sudor, es lo picadísima que estoy conmigo misma. Cada día que salgo procuro llegar un poquito más lejos, unos metros aunque sea. Lo único que me hace seguir queriendo salir a correr es derrotar a mi yo del día anterior y decir ¡ja, pringá!

Y en eso estoy. Puede parecer estúpido, pero así es. No me gusta picarme con otra gente, a mí lo que me estimula es mejorarme a mí misma, y estoy sorprendida de que estoy consiguiendo gracias a ese igual-no-tan-honorable sentimiento. Hoy me lo estoy tomando de descanso, pero mañana saldremos con las bicis -lo que supone unas dos horas de ruta, aunque menos intenso que correr- y el domingo vuelta al turrón, ya os contaré si me supero o acabo enfadándome conmigo misma y pegándole una patada a una piedra -estoy quedando demasiado violenta últimamente :( -.


Os seguiré contando.
Prometo no ponerme cachitas, que mis curvis no las quiero perder tampoco.

Beso,
Noa.

martes, 8 de septiembre de 2015

Running, ese término

No sé si os he dado ya a conocer mi faceta de tirana de la lingüística, pero la verdad es que lo soy... Y mucho. Hoy en día, el avance de la tecnología y nuestro estilo de vida es bastante más acelerado que el de nuestra lengua, por lo que en muchas ocasiones no hay más remedio que tomar términos prestados del inglés con el objeto de nombrar cosas para las que en español todavía no tenemos palabra. Hasta aquí todo estupendo y divino, y si no decidme cómo haríais para preguntar por el Wi-Fi cuando llegáis a casa ajena. Pues eso, que viene bien de vez en cuando.
 
El problema que yo planteo es otro, y es que si hay algo que detesto en este mundo es la utilización indiscriminada y, sobre todo, injustificada de anglicismos. Hoy a la gente le gusta el running, lo que toda la vida se ha definido con el intrincado e insólito verbo correr. La gente que hace running son los runners, y si todavía no estás preparado o no te gusta, siempre puedes probar con la nueva moda-modísima: el walking o power walking... Vamos, lo que en mi pueblo siempre ha sido andar rápido. Algo tremendamente novedoso que nadie ha hecho nunca, ni siquiera nuestras abuelas que se ponen sus zapatillas y su bolsito todas las tardes para darle tres vueltas a la manzana.
No voy ya ni a hablar del patético intento de hacer parecer anglicismos palabras de origen castellano o sencillamente inventarnos una que parezca que viene del inglés -véase: puenting o footing, en serio: ¡¿hola?!-, porque el Hulk que llevo dentro no podría resistirse a salir.
Tampoco quiero que penséis que voy a ir con un bate pegándole a todo aquel que diga que acaba de comerse una cookie -vale, que ganas no me faltarían-. Incluso me hace gracia el uso sátiro y aleatorio de palabras en inglés en una situación cualquiera. Lo que no entiendo es que se nos quiera meter en la cabeza que el walking es lo que se lleva sólo para inventar una nueva modita que seguir y publicar en Instagram. Con el lenguaje se nos manipula, se nos vende lo de siempre con un nombrecito en inglés, de forma que incite al borreguismo, a comprar todo el equipamento necesario para algo para lo que, por ejemplo, sólo haría falta unas zapatillas y un vestuario que no roce demasiado al andar.
No lo soporto, me enerva tremendamente, de la misma forma que ahora parece haberse puesto de moda decir horrores como: "pienso de que", "creo de que" y "resulta de que". Estoy aporreando el tecleado sólo de pensarlo. Pero ya está, que me embalo y no hay quién me pare.

 ... Fiuf, qué a gusto me he quedado. 
Vale, esto ha salido solo, yo sólo venía a deciros que hoy he corrido cuatro kilómetros, más de media hora parando sólo cinco minutos, que estaba radiante de contenta... Y se me fue de las manos,  jajajaja.
Por si interesa a alguien, mi sueño en la vida es investigar acerca de la lingüística, en todos los ámbitos -social, antropológico y, sobre todo, neurológico-, por eso salió todo esto. Cuando uno tiene una pasión, es demasiado difícil retenerla, y menos en un espacio como este al que vengo a desahogarme y soltar lo que pienso.

Mañana vendré a hablaros de algo que no sea tan peñazo ni tan furioso.
Voy a tomarme un valium o algo.

Besis,
Noa.

lunes, 7 de septiembre de 2015

La rentrée, amigos

Dejad de sufrir, que ya estoy aquí. Ha sido volver de la playa y volver la lluvia... ¡No me echéis la culpa! Que yo por mí me habría quedado allí eternamente, jajaja. Una de las vacaciones más bonitas de mi vida.
Playa de Los Genoveses (Cabo de Gata - Almería)
Nuestro periplo nos llevó a una de las puntas más bonitas de España: el Cabo de Gata y su pueblecito por excelencia, San José. Os lo recomiendo a todos aquellos que os gusten los acantilados, las playas vírgenes, los pueblitos con encanto y las aguas claras (y calentitas). El tiempo convulso que sufrimos ahora en el sur tardó en llegar lo que nosotros tardamos en poner punto y final a nuestras vacaciones, por lo que gran suerte la nuestra. Allí nos hartamos a jugar a las palas, anduvimos lo que no está en los escritos y salimos a correr por las mañanas -cuesta arriba, cuidao conmigo-. Así que mi faceta de quiero-y-parece-que-puedo-ser deportista no ha caído en el olvido -suena en este momento en mi cabeza el We Are the Champions-. 
La que sí que cayó en el olvido puede que fuera la moderación con respecto a la comida, porque he engullido como si no hubiera mañana. ¡Cuidado! Sin atracarme, sanamente, como persona que se lleva galletas a la playa y acaba comiéndose medio paquete mientras juega a las cartas, tal cual. He disfrutado de todo, del paisaje, de la comida, del deporte, incluso de alguna copita, y no me arrepiento ni me siento culpable. Siento que cada vez estoy más cerca de dejar mi TCA atrás y ser una persona normal, y eso mola. Pero ya profundizaré más en ese tema, ahora estamos con la vuelta a la carga.
Como podréis adivinar, hoy me pesé para ver por dónde volver a empezar a bajar los últimos kilitos. Para mi sorpresa sólo vi medio kilo más, un serrano 74,5kg., y digo sorpresa porque hasta ayer mismo estábamos merendando pasteles con chuches -como La última cena-. Ya es oficial el nuevo punto de partida, y aquí empieza un nuevo curso. 
 
Me veréis aquí más de lo que os gustaría.
Y recordad que winter is coming: habrá que estar buenorros para entonces.


Besetes,
Noa.


PD: Rafi, ya estoy, no te abandono más.

miércoles, 26 de agosto de 2015

Vacaciones

¡Holita! ¿Cómo siguen esos cuerpos serranos? He vuelto sólo para decir que no voy a volver aún, jajaja. Así soy, un enigma (?). Me vi con un ratito libre, leyéndoos para ver qué tal íbais todos y dije: "venga va, una entrada cortita". 
No voy a hacer el gran análisis de la situación actual, pero sí os diré que estoy disfrutando del verano como un cachorro. Disfrutando un poco de todo, de mi familia a la que estoy viendo este mes un poquito más, de mis amigas a las que no veía hace muchísimo, de mi chico al que ahora le han dado por fin vacaciones y, por último, y en este caso sí por ello menos importante, de la comida.
Estoy en un vaivén continuo, estas semanas no he dejado de encontrar planes que hacer, gente a la que ver, fiestas a las que ir... Y en todo esto lo único que me ha cohibido un poco ha sido mi escaso poder adquisitivo, ni hablar de perderme planes por estar en proceso de perder peso, ¡de eso nada! Que tengo 24 años, si no hago estas cosas ahora, no sé qué otro mejor momento tendré.

Claro, a todo esto tenía que buscarle algún tipo de arreglo, ya que con esa cantidad de comidas locas iba a llegar a septiembre siendo un cachalote. Y así, sin pensarlo mucho, me vi de repente hecha una deportista. Vale, igual no tanto, pero hoy salí a correr por tercera vez en una semana a correr con mi chico y ya tengo ganas de volver. Aguanto poco, un par de kilómetros, pero hacemos un total de una hora, y de ahí, media hora me la paso corriendo -veinte corriendo, ando un poco y corro otros diez, no os creáis que voy del tirón porque todavía me queda, pero tenedme fe-. La verdad es que me pico muy fácilmente conmigo misma, y aunque lo haya pasado mal, tengo ganas de volver a salir sólamente para superar lo que hice hoy. 
Yo, el primer día corriendo.
Aparte están nuestras rutas en bici de los fines de semana, en las que hacemos unos 20 km. como ya os he comentado otras veces. Por lo que, saliendo tres veces a la semana a correr y los fines de semana dos horas de bici, comiendo básicamente lo que me plazca en cantidades razonables... Me mantengo en unos estupendos 74 kilos, oh yeah. 
He subido, sí, un kilo y medio, pero tendré todo el tiempo del mundo para volver a bajar todo lo que tenga que bajar. Todavía estoy en un peso normal para mi estatura, no sufro de sobrepeso desde que dejé atrás la época de los 77 kg., por lo que, mientras no vuelva allí, todo estupendillo.

En fin, ya os haré una entrada más exhaustiva sobre la actividad física a la que intento por ahora acostumbrarme. El lunes salimos para pasar la semana en Cabo de Gata y mis zapatillas se vendrán conmigo para explorar los acantilados y correr un poquito por la playa -aparte de tirarme a la bartola y comerme mi peso en helados, claro-. ¡Muero de ganas!


Os leo desde el móvil, no puedo comentar, pero os vais a enterar cuando vuelva.
¡A empezar septiembre con buena pata!
Besete,

Noa.


PD: sigo pensando que correr es de cobardes.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Modo relax.

¡Holita!
Sí, que hacía mucho que no desaparecía y parece que lo echaba de menos. He estado una semana en el pueblo con mi familia y amigos, y creo que hacía tanto -taaaanto- tiempo que no tenía una semana tan movidita. Eso sí, tanto en el buen, como en el mal sentido. No os lo voy a contar todo, porque no me da el blog, pero la semana comenzó con la desaparición de una de mis mejores amigas, con todo lo que ello conlleva. Finalmente, después de un dispositivo policial de la hostia tremendo, la pudimos encontrar -estaba escondida, todo un culebrón: cuernos, rupturas,... etc.- y todo terminó más o menos felizmente.
La semana entera ha girado en torno a ese hecho, el grupo de mis amigas íntimas es bastante grande, por lo que este hecho desafortunado al final llevó a que nos pudiéramos reunir las nueve -cosa que ocurre por lo visto tras coincidir dos lunes llenas en mismo mes, es decir, cada tres o cuatro años-. Esto nos llevó a vernos casi todos los días entre unas cosas y otras, con las cañas y tapitas que eso conlleva. 

Aparte de eso ya recordaréis lo que os comenté, la mudanza. La custodia de mi hermano, mi abuelo y mi perra pasa ahora a mi madre -hasta ahora vivían con mi padre-, por lo que hubo que hacer este maxi-traslado. Si bien es triste para mi padre, creo que es algo positivo para ellos, ya que él siempre ha sido más laxo y desorganizado, por lo que mi hermano estaba ahí a su bola. Mi madre, por otro lado, es una persona mucho más organizada y pone unas normas muy claras para vivir en su casa -a veces es un poco cansina, pero en fin, como toda madre-. Esto les va a llevar a cuidar más su alimentación y, a mi hermano, a estudiar.
Con todo y con eso, hace seis meses hubo un cambio sustancial en mi hermano: el día siguiente a su cumpleaños dijo hasta aquí, desde entonces empezó a ir al gimnasio y a cuidar su alimentación como nunca antes lo había hecho -literalmente, no lo había hecho nunca-. Comenzó pesando 115 kg., hoy pesa 88kg. Es decir, una barbaridad. Ya está en un peso normal para un chico de su estatura -mide 1.91m. el animal-, pero él sigue deseando estar más sano y mejorando en el deporte. Hoy en día, mi mayor inspiración y referente es mi propio hermano. Mis diez kilos al lado de sus veintisiete quedan ridículos, jajaja.

En fin, lo más probable es que haya subido algún kilo que otro, pero que no preocupa en exceso. Es complicado cuidar la alimentación cuando la rutina es algo esporádico -por muy contradictorio que parezca-; y esto es el verano. Surgen planes, la gente se relaja y en casa no se puede estar. Este mismo fin de semana me invitaron a la feria de Málaga, por lo que el fin de semana será de todo, menos comedido. En dos semanas, a mi novio le dan 15 días de vacaciones, y ahí también os imaginaréis cuánta comedición habrá.
Repito, no me preocupa. Cuidaré los días en los que tenga tiempo para mí, y en esos serán en los que venga al blog a contaros -hoy, por ejemplo-. El resto, me dejaré llevar, porque he dejado atrás el sobrepeso y ya soy una persona con un peso normal. ¿Que me gustaría pesar menos? Claro, pero no por eso voy a dejar de disfrutar el momento. La comida es también parte de nuestra vida, y si disfrutamos comiendo: por algo será. 

Por cierto, Amelia, esta entrada va por ti, que decías que te daba vergüenza entrar en los blogs de los que siguen siendo constantes... Pues mira, jajaja. 

Seguiré volviendo, amigos.
Cuidaos, que este calor deshidrata.
Besis,

Noa.

domingo, 2 de agosto de 2015

Be sport, my friend

¡Holita!
¿Qué tal? ¿Cuánto habéis sudado hoy? No sé vosotros, pero yo he sudado la gota gorda en este precioso gran horno llamado Andalucía. Hoy termina un fin de semana en el que el deporte y las celebraciones han sido protagonistas.
Por un lado, ayer celebramos mi chico y yo un año viviendo juntos, por lo que os podréis imaginar que, como ha de ser, he pecado -con mi consentimiento-. Hicimos exactamente lo mismo que un año atrás: irnos al Albaycín -que subir tiene su deporte también- a un restaurante precioso, a comernos una fondue extra-engordante y a tomarnos una copa. Nos clavaron 50 euros, pero viendo el atardecer así, os digo que vale la pena:
El Carmen del Agua.
Por otra parte, no os vayáis a pensar que con la excusa del calor hemos dejado este fin de semana de hacer deporte ¡Sólo faltaría! -sí, amigos, deporte y yo: juntos-. Al haber pasado ya mes y medio de su operación, a mi chico finalmente le han dejado empezar a hacer ejercicio. Así que ayer, con todo el mono del mundo, cogimos nuestras bicis y fuimos a un pueblo vecino que estará a unos 10 kilómetros. Desayuno y vuelta, en total 20 kilómetros y una tostada con tomate cuya energía fue totalmente amortizada.
Algo que me llamó particularmente la atención fue que no me cansé ni un poquito tras un mes sin hacer cardio ni un mísero día. Vale, que el recorrido no es que sea muy abruto: es una subida ligera, pero constante durante los 10 kilómetros. Digo que me llama la atención porque la primera vez que hice esta ruta, a mitad de camino estaba echando el hígado por la boca, e incluso era incapaz de hacerla entera. ¿Por qué no he echado ningún órgano vital por la boca si llevo un mes sin coger la bici ni salir a correr? La única respuesta que se me ocurre: las sentadillas.
No sé si recordáis el desafío que os planteé en aquella entrada, pero continúo aún hoy con él. Mañana empiezo la tercera semana, y si bien es verdad que es asequible, guarda cierta dificultad... Y eso me gusta. Estoy muy contenta con él, creo que fue una muy buena idea empezar: siento las piernas más fuertes y, como os dije, he llevado la bici mejor que nunca. Y no va a ser cosa de un mes, ya que todavía tengo otros dos desafíos que completar. ¡Os mantendré al tanto!

Pero vamos al tema más mainstream de todos(?): el peso. El viernes la báscula dijo que esta semana había perdido 1,1 kg., por lo que ya peso 72,5 kg., así que sólo me quedan setecientos gramos para llegar a los 10 kilos perdidos en siete meses.
Es curioso porque a veces me miro al espejo y olvido cuánto he conseguido, me veo gorda, incluso estando en un peso totalmente normal para mi estatura. Sin embargo, esto va cambiando, cada día me veo mejor y me aprecio un poquito más, y eso es al fin y al cabo el objetivo último de este blog.

Mañana toca ir al pueblo durante quién sabe cuántos días, por lo que no puedo asegurar poder pesarme esta semana -al menos no en mi báscula, que ya no me fío de nada más- . Deporte voy a hacer, que tenemos mudanza, así que no hay que preocuparse por eso, jajaja.


Seguiré escribiendo desde la profundidad de la provincia de Córdoba.
Cuidaos y no os acerquéis mucho al ventilador,
Besetes,

Noa.

jueves, 30 de julio de 2015

Vengo a dejar de ser malaje

Para aquellos no-andaluces:
malaje.
1. adj. And. Dicho de una persona: Desagradable, que tiene mala sombra
Pues eso, que vengo a enmendar mis injusticias con vosotros. He sido plenamente consciente de las nominaciones que corren por nuestros blogs en estos últimos tiempos, y como ya comenté en su momento, yo soy muy perrísima para esta clase de cosas -no es de hoy, antes cuando estaban de moda las cadenas por e-mail, yo era la única que no reenviaba ninguna, porque ya entonces era mala gente en potencia-. Sin embargo, y ya viendo que mi blogueril amigo de 'Mi vida gorda' ha vuelto a nominarme, he decidido enmendarlo (casi) todo de una vez.


En primer lugar, agradeceros a todos, que yo suelo tener ya mucho premio con que me leáis y tengáis la gran bondad de escribirme y darme ánimos, pero esto también se agradece.
Voy a empezar por el llamado Versatile Blogger Award, al que me nominaron Evie, Alicia, Javi, Nana y Ro -si me falta alguien: perdón, perdón, perdón-. Gracias chicos, sois todo amor. No puedo nominar a 15 blogs más, porque creo que ya nos hemos nominados todos entre todos, pero sí contar las siete cosas esas tan famosas sobre mí:
  1. Soy argentina, y bastante orgullosa de ello -perdemos finales de fútbol, pero da igual-. En doce años que llevo en España, sólo he podido volver una vez, cosa que me entristece profundamente.
  2. Hablo cuatro idiomas: inglés, alemán, francés y castellano -este último surprise, surprise, ¿eh?- y estoy aprendiendo italiano y griego. Y más que vendrán, muajajaja.
  3. He vivido dos años en Alemania, en una ciudad preciosa llamada Potsdam, a un paso de Berlín.
  4. Para lo que es la media en España, soy bastante alta (1.77m.) y a veces me he sentido acomplejada por ello. Ya lo voy superando, que es bonito llegar a la parte alta de la despensa.
  5. Me encanta el fútbol, soy súper aficionada y súper culé. Para jugar prefiero el baloncesto.
  6. Toco la guitarra y mi género de cabecera siempre ha sido el rock: para mí, la mejor banda de la historia es Led Zeppelin, y no acepto discusiones acerca de eso.
  7. Sé un poco de todo, soy extremadamente curiosa y es la favorita de mis cualidades.

Aparte de esto, el hombre conocido y bautizado como Rafi -el culpable de todo, jajajaja- me ha nominado también al Black Wolf Award, para el que, si bien no puedo nominar a 15 blogs, porque la mayoría a los que yo nominaría ya los ha nominado él, sí voy a contar mi motivación para escribir en el blog, que se ve alentada con este tipo de reconocimientos, dicho sea de paso.

¿Qué me motiva y qué siento al recibir este premio?
Bueno, para empezar quería decir que yo abrí el blog por un motivo puramente egoísta. Volví a meterme en este mundo porque deseaba ordenar mi cabeza y mi vida, sencillamente. Este es un rinconcito en el que me siento comprendida, además de mi particular terapia. Que se me reconozca, ya no sólo de esta forma, sino también con los comentarios que recibo en cada entrada, me ilusiona. Me ilusiona y me hace sentir bien de verdad que mis historias y experiencias puedan ayudar a alguien. Esto me ayuda a continuar en mi camino hacia una vida plenamente saludable, y no os puedo estar más agradecida. -todo lo que he dicho es plenamente egoísta también, pero admitámoslo, es algo inherente en el ser humano (?) -

Miles de gracias, Rafi, por esto, y siento haber tardado jajaja. Dejo para otra ocasión el Best blog award, porque si no esta entrada va a ser realmente interminable. Además, no quiero que sepáis tanto de mí de repente, a ver si os voy a empezar a caer mal a estas alturas.


Mañana vuelvo con el peso de la semana, ¡crucemos dedos y piernas!
Besetes,

Noa.