viernes, 13 de marzo de 2015

Bajar y bajar

¡Decidme si bajar dos kilos en tres semanas no es para estar contenta! *-* Vamos, yo lo estoy flipando porque, incluso con todos los días que me tomé libres, he conseguido bajar, y bajar además tanto. Vale, igual pensáis que dos kilos no son tanto, lo mismo pensaría mi yo de hace unos años, pero si os digo la verdad, cuando empecé, no tenía tanta fe en mi nueva forma de alimentación. Con esto quiero decir que sencillamente con reducir un poco las cantidades, los picoteos entre horas y la cantidad de carbohidratos -igual esto último no lo he reducido tanto, pero ya sabéis de mi insana relación con el pan. Necesitaría unos parches y rehabilitación intensiva para dejarlo-, no pensé que fuese a perder peso de una forma tan continuada y moderadamente rápida. 
Yo imaginaba un descenso más discontinuo y mucho más lento, en plan: un kilo al mes, unos gramillos por semana. Claro que yo no tuve problema con ello, y lo acepté: prefería cambiar a unos hábitos alimenticios saludables y que ese cambio me durase para toda la vida. Que si tengo que estar un año intentando perder peso, lo estaré, no me importa que sea un cambio lento siempre que se produzca.
Es verdad que, muy probablemente, cuando me vaya acercando a mi peso ideal -unos 65 kg.-, se me haga más cuesta arriba y tenga que empezar a ponerme más seria con el deporte, pero por ahora estoy bastante contenta. ¡Que sólo me queda un kilo de sobrepeso! Jajaja, Ya, ya, ya sé que la cosa no es tan así, pero me gusta pensarlo. Por mi altura y mi complexión, mi normopeso está entre 77,7kg y 58 kg., y mi peso ideal entre 64kg. y 71kg. Me hicieron la prueba hace unos años, pero esos números se me quedaron bien grabados jajaja.

Y cambiando un poco de tercio, no recuerdo muy bien en cuál de vuestros blogs leí una entrada acerca de la preciosa chica de la foto: Jennifer Lawrence. En ella, citabais una entrevista en la que ella decía que en Hollywood la consideraban obesa, una actriz obesa. Atención a la palabra, obesa. Y no es que ella esté exagerando, yo misma he visto comentarios de gente diciendo que necesitaba perder peso. Con toda la sinceridad del mundo voy a decir que si esa mujer está obesa, por Dios, dejadme ser obesa a mí también. Vale, que no tiene un cuerpo tonificado, con abdominales marcados ni nada por el estilo, pero la chica mide 1,72 kg. y pesa 62 kg. Un peso totalmente normal para una mujer de su altura. A pesar de que tiene mucho talento y de que es muy bella, sus representantes le decían que con ese peso nunca iba a llegar a nada, y miradla ahora. Una excepción que alegra la vista entre tanto bicho palo y tanta hipocresía.
Sin embargo, el objetivo principal de publicar su foto era otro muchísimo más egoísta que el de reivindicar cosas jajaja. Sí, y era para señalar que la forma de mi cuerpo es calcada al del suyo: alta, pecho normal, ni muy abundante ni plano, cintura estrecha, caderas generosas y piernas delgadas. Tal cual. Y ni os imaginás las ganas que tengo de quitarme estos kilos de encima y poder verme en ropa interior al menos la mitad de buenorra que esta mujer.

Lo de Jennifer Lawrence no venía mucho a cuento, pero vi la foto de refilón y pensé en... Pensé en mí, jajajaja. Egoísmo puro.

Edito: la foto que he puesto es el antes del photoshopeo. La foto de después, en la que en mi opinión le hacen un flaco favor, es ésta. Parece que le han chupado la sangre. Pero que la historia del photoshopeo sigue, y si no, mirad aquí. Ya se nos está yendo de las manos, han llegado a photoshopear hasta a Kate Middleton, y digo yo: ¿qué demonios hay que corregir en Kate Middleton? En fin, abordaré el tema pronto, porque me indigna profundamente.

Gracias por pasar.
Besos a todas.

lunes, 9 de marzo de 2015

La nueva moda: "Green Smoothies"

Hola, holita, ¡feliz comienzo de semana! Espero que vuestro finde haya sido tan pecaminoso como el mío jajaja. Vamos, que yo ni lo voy a comentar, porque ha sido normal, y cuando digo normal me refiero a comer normal, sin restricciones de persona que está a dieta, pero sin atracones de persona con ansiedad. Alguna que otra salida con familia y pareja, como ya viene siendo habitual en nosotros. Es curioso que esto de que salimos tanto sólo lo empecé a notar desde que empecé el blog, antes me parecía tan normal que ni le echaba cuentas y mira, resulta que somos adictos a la calle y a la comida jajaja.
Me pesé esta mañana para ver más o menos lo que había ocasionado el fin de semana y me encontré con 700gr. más. No es de extrañar. Pero me veo el viernes ya atisbando un 78, ya veréis. Estoy optimista. ^^ Hoy no ha sido el día más ejemplar del mundo, diréis, mal empezamos. Pues sí, jajaja. He merendado cinco o seis galletas María con miel. Y me comí un puñadito de patatas fritas de bolsa antes de comer. Esos han sido los pecados, pero ahora cenaré una frutica o una rebanadita de pan integral con pavo y mañana seguimos compensando.

Hoy quería hablar de la nueva moda que se mueve entre las famosillas del momento y en cuyos Instagrams podréis ver omnipresentes: los llamados green smoothies, o lo que yo diría en un lenguaje de toda la vida, un batiburrillo de verdura y fruta. Con pajita, eso sí. Si buscáis en el maravilloso mundo de la interner podréis encontrar información a porrón acerca de los beneficios, los nutrientes, que es bueno para hacer deporte luego porque se digiere rápido, gente que hace dietas detox sólo a base de estos batidos y, por supuesto, un sinfín de bondades. Pero no voy a hablar de eso, porque para eso están los demás amigos del mundo de la interner como os he dicho. Voy a hablaros de mi experiencia -para variar-.


Si os soy sincera, yo sólo había escuchado hablar de ellos de refilón, pero nunca me llamó la atención combinar verduras con frutas. La cosa surgió el viernes, cuando vi que parte de una bolsa de espinacas estaban en mi nevera a punto de echarse a perder. Era hora de merendar y no me iba a hacer espinacas con garbanzos, obviamente. De repente me vino la inspiración y acudí a la sabiduría de Google en busca de un green smoothie de esos -como dirían aquí-. Metí las espinacas (un puñado aproximandamente), medio plátano, una manzana pequeña y medio vaso de leche de soja. Añadí un poco de miel para endulzar y a triturar como si no hubiera mañana. He de admitir que estaba sorprendentemente bueno. Me salió un vaso, bastante espesito y riquísimo. Es una buena forma de comer verduras verdes en crudo, yo que en esta época todavía no le estoy dando mucho a las ensaladas. Un truquito bueno para el verano es congelar, por ejemplo, el plátano, de forma que queda fresquito y no queda aguado.
Otro dato sorprendente, llena mucho. Yo al menos me quedo como si me hubiera comido un jabalí, jajaja. Es cierto que dos o tres horas después tienes hambre otra vez, por lo que yo descartaría por completo sustituir la comida o el desayuno por uno de estos. En mi opinión, diría más bien que sirve para media mañana o para merendar si nos da la ansiedad de dulce a esa hora. Es sano, nutritivo, llena y... ¡es dulce! ¿Qué más se puede pedir? Al menos yo estoy contenta con el experimento y os animo a probar.

Recetillas que he probado: aparte de éste que os he comentado -espinacas, plátano, manzana y leche de soja- he probado también cambiar la manzana por una pera conferencia (con piel y todo). Riquísimo también. Además, esta mañana probé a cambiar las espinacas por el brócoli. Igual me pasé con la cantidad de brócoli, ya que hay que tener en cuenta que éste crudo tiene un sabor bastante fuerte. Quedó igualmente bueno.
En este enlace os dejo una imagen con sugerencias por si os interesara probar. La recomendación que haría yo sería que no mezclarais cítricos con las leches de soja. No es buen experimento ese, os lo digo. Por lo demás, a ir probando.

Eso sí, que si queréis ir a la moda del todo lo tenéis que poner en un frasco.
Sin frasco, nada.
Besos.

jueves, 5 de marzo de 2015

Semana de cambios

Bueno, tanto, tanto no ha cambiado las cosas, pero sabéis que soy muy dada al drama. Entre el peso, que estoy malita, la regla, los festejos... Os cuento.
Empecemos por el lunes de las alegrías. Dado que mi fin de semana se alargó desde el jueves al domingo, fui a pesarme con todo el miedo del mundo. Señoras, en la pantallica de mi báscula de las chanclas apareció un 79,8. Lejos de ponerme a pegar saltos de alegría, lo primero que pensé fue que la nueva, la conocida como báscula de las chanclas, me estaba engañando. No estaba tranquila. Un rato después, mientras ordenaba el armario, encontré unos pantalones que intenté ponerme en Nochevieja y que, para mi desgracia y mi sorpresa, me quedaban bastante pequeños. Pequeños de salirse las lorzas por todos los lados, una tragedia. Para ver si la báscula me la había metido doblada, desenfundé esos pantalones que, pesando menos de 80, tenían que quedarme bien a la fuerza -en Nochevieja pesaba casi 83-. Y alegría, alegría, me estaban tal cual el día que me los compré, y las básculas pueden fallar, pero la ropa no, y menos los pantalones.
Aparte de mis particulares victorias con el peso y la ropa, mi novio me dio otra alegría al llegar de la oficina: le van a hacer un contrato en su empresa -hasta ahora era autónomo-. Fue una noticia buena de las de verdad, y es que él se lo merece más que nadie porque no puede ser más trabajador y estar más comprometido con su trabajo. Claro, quería hacer cenita para festejar, por supuesto. Y obviamente yo no le iba a decir que no: cenamos jamoncito del bueno y una copita de vino. Con todo el gusto del mundo.
Sigamos con el martes rojo. Diréis, ¿rojo de sangre? Pues sí, jajaja. Pero nada de asesinatos ni muertes, sólo la visita mensual. Fue un día realmente malo, mucho dolor, empecé además con el dolor de cabeza/garganta con el que aún hoy sigo y me dio la ansiedad reglosa que me llevó a comerme una tableta de chocolate. Sí, la tableta entera. Ahí, en negrita, que se vean bien mis vergüenzas, jajaja. Joer, qué ansiedad me dio, pero eso sí, lo compensé con la cena y la verdad es que desde entonces vengo haciéndolo súper bien. A ver cómo responde mañana la báscula marichancla. Qué nervios.

He pensado en empezar a medirme para ver los progresos y además ir haciéndome fotos. Ahí, un book bueno del desvanecimiento de la grasa, jajaja. La verdad es que la báscula puede ser engañosa, pero como dije antes, lo que no engaña es la ropa y, consecuentemente, tampoco las medidas. En general, me cuesta bastante ver mis progresos. Eso sí, tengo suerte de que la grasa se me reparte "bien". Si bien se me acumula gran parte en las caderas y el culete, al ser bastante alta, se me nota menos.
Una cosa curiosa es que cuando empiezo a bajar de los 80 yo sé bien lo que pasa: empiezo a perder pecho *chan chan chan*. Sí, es donde más empieza a notárseme -¡maldita sea, cuerpo!-. Y ya de 75 para abajo se me estabiliza el pecho y empiezo a perder más de los otros sitios. Para que veáis que ya me conozco jajaja. Lo bueno es que tengo ropa para prácticamente todos "mis pesos". Cuando llegue a 77, tengo otros pantalones que ya sé que me van a estar bien. Y así hasta los 65, jajaja. Es un estímulo, ya que sé que empezaré a tener cada vez más ropa disponible *-*. Quiero llegar al verano con como mucho muchísimo 75kg. No quiero pasar otro verano pesando más de 80 y tapándome con la toalla -así soy-.

Voy a intentar escribir más seguido, que esto no puede ser, casi una semana sin venir. Me estoy portando bien igual sin tanta necesidad de tener que pasar por aquí, pero hacer esto me desahoga y me hace bien. Ahora tengo un cuadernito rojo en el que apunto todo, que también me ayuda un montón, pero estaría bien combinar las dos cosas. Ya que en mi cabeza no consigo organizar mi vida, necesito ayudas externas. Todos tenemos nuestros límites, la clave es encontrar cómo reforzar estos puntos débiles y mejorar; y en eso estoy, oye. ^^

Os leo y cuidaos.
Besos.