viernes, 11 de septiembre de 2015

Recupero el norte


¡Aloha!
Ya estoy, chicos, ya estoy encaminada. Cuatro días después de volver de mis vacaciones, y ya me he quitado de encima 800 gramazos. Y eso que durante esta semana cuidar la alimentación ha sido más difícil de lo que esperaba. He tenido un hambre atroz, sólo los agujeros negros que se tragan hasta la luz podrían comprenderme. Me he mantenido, a pesar de esto, en las 1.500kcal. diarias -doscientas más de las que solía comer- y aún así tuve que hacer un ejercicio de contención propio de la fortaleza del Abismo de Helm en la batalla contra Isengard -Hola, frikismo-. Claro, esto tiene cierta explicación si tenemos en cuenta que he hecho bastante ejercicio casi todos los días y que vengo de unos cuantos días de viva-la-Pepa.

Recuperando el tema que quería abordar en la entrada anterior y que se vio eclipsado por mi arrebato de reivindicación semántica -me alegra por cierto no estar sola en mi tiranía, gracias por comentar-. Ya soy casi una corredora habitual, amigos -que no runner, eso never-, y quería contaros cómo me dio por empezar y qué tal está siendo la experiencia. Llevaba un tiempo dándole vueltas, ya que mis ingresos no dan para apuntarme a un gimnasio y que, a pesar de que tengo bici, las rutas que conozco, o son muy sencillas, o son demasiado empinadas... Y yo, amigos, sólo quería ponerme un poco en forma, en lo posible, sin morir en el intento.
Mi chico y yo salimos por primera vez ya hace más de dos semanas: sin reloj, sin móviles, sin control alguno, y teniendo en cuenta lo maniática que yo soy, fue en principio un poco desconcertante no saber siquiera el tiempo que llevaba. Mi intención fue salir, sin más, correr hasta donde pudiese, como si no hubiera mañana. Y lo conseguí ¡yey! (aunque mi novio se vio obligado a salir el doble de días para verdaderamente hacer algo de ejercicio, lo mío no contaba ni para quemar la tostada con tomate del desayuno).
Lo verdaderamente difícil fue lo que vino después: levantarme temprano dos días después para volver a salir, ¡oh, sufrimiento! Aquí llegó, sin embargo, aquello que me hizo seguir hasta hoy... Diréis, ¿el amor incondicional hacia mi pareja que decidió acompañarme, sin importarle que salir conmigo suponía la misma cantidad de deporte que tumbarse en el sofá? Pues no, no fue eso -qué afortunado es de tenerme, ¿eh?-. Lo que me hace seguir día a día, sudor tras sudor, es lo picadísima que estoy conmigo misma. Cada día que salgo procuro llegar un poquito más lejos, unos metros aunque sea. Lo único que me hace seguir queriendo salir a correr es derrotar a mi yo del día anterior y decir ¡ja, pringá!

Y en eso estoy. Puede parecer estúpido, pero así es. No me gusta picarme con otra gente, a mí lo que me estimula es mejorarme a mí misma, y estoy sorprendida de que estoy consiguiendo gracias a ese igual-no-tan-honorable sentimiento. Hoy me lo estoy tomando de descanso, pero mañana saldremos con las bicis -lo que supone unas dos horas de ruta, aunque menos intenso que correr- y el domingo vuelta al turrón, ya os contaré si me supero o acabo enfadándome conmigo misma y pegándole una patada a una piedra -estoy quedando demasiado violenta últimamente :( -.


Os seguiré contando.
Prometo no ponerme cachitas, que mis curvis no las quiero perder tampoco.

Beso,
Noa.

martes, 8 de septiembre de 2015

Running, ese término

No sé si os he dado ya a conocer mi faceta de tirana de la lingüística, pero la verdad es que lo soy... Y mucho. Hoy en día, el avance de la tecnología y nuestro estilo de vida es bastante más acelerado que el de nuestra lengua, por lo que en muchas ocasiones no hay más remedio que tomar términos prestados del inglés con el objeto de nombrar cosas para las que en español todavía no tenemos palabra. Hasta aquí todo estupendo y divino, y si no decidme cómo haríais para preguntar por el Wi-Fi cuando llegáis a casa ajena. Pues eso, que viene bien de vez en cuando.
 
El problema que yo planteo es otro, y es que si hay algo que detesto en este mundo es la utilización indiscriminada y, sobre todo, injustificada de anglicismos. Hoy a la gente le gusta el running, lo que toda la vida se ha definido con el intrincado e insólito verbo correr. La gente que hace running son los runners, y si todavía no estás preparado o no te gusta, siempre puedes probar con la nueva moda-modísima: el walking o power walking... Vamos, lo que en mi pueblo siempre ha sido andar rápido. Algo tremendamente novedoso que nadie ha hecho nunca, ni siquiera nuestras abuelas que se ponen sus zapatillas y su bolsito todas las tardes para darle tres vueltas a la manzana.
No voy ya ni a hablar del patético intento de hacer parecer anglicismos palabras de origen castellano o sencillamente inventarnos una que parezca que viene del inglés -véase: puenting o footing, en serio: ¡¿hola?!-, porque el Hulk que llevo dentro no podría resistirse a salir.
Tampoco quiero que penséis que voy a ir con un bate pegándole a todo aquel que diga que acaba de comerse una cookie -vale, que ganas no me faltarían-. Incluso me hace gracia el uso sátiro y aleatorio de palabras en inglés en una situación cualquiera. Lo que no entiendo es que se nos quiera meter en la cabeza que el walking es lo que se lleva sólo para inventar una nueva modita que seguir y publicar en Instagram. Con el lenguaje se nos manipula, se nos vende lo de siempre con un nombrecito en inglés, de forma que incite al borreguismo, a comprar todo el equipamento necesario para algo para lo que, por ejemplo, sólo haría falta unas zapatillas y un vestuario que no roce demasiado al andar.
No lo soporto, me enerva tremendamente, de la misma forma que ahora parece haberse puesto de moda decir horrores como: "pienso de que", "creo de que" y "resulta de que". Estoy aporreando el tecleado sólo de pensarlo. Pero ya está, que me embalo y no hay quién me pare.

 ... Fiuf, qué a gusto me he quedado. 
Vale, esto ha salido solo, yo sólo venía a deciros que hoy he corrido cuatro kilómetros, más de media hora parando sólo cinco minutos, que estaba radiante de contenta... Y se me fue de las manos,  jajajaja.
Por si interesa a alguien, mi sueño en la vida es investigar acerca de la lingüística, en todos los ámbitos -social, antropológico y, sobre todo, neurológico-, por eso salió todo esto. Cuando uno tiene una pasión, es demasiado difícil retenerla, y menos en un espacio como este al que vengo a desahogarme y soltar lo que pienso.

Mañana vendré a hablaros de algo que no sea tan peñazo ni tan furioso.
Voy a tomarme un valium o algo.

Besis,
Noa.

lunes, 7 de septiembre de 2015

La rentrée, amigos

Dejad de sufrir, que ya estoy aquí. Ha sido volver de la playa y volver la lluvia... ¡No me echéis la culpa! Que yo por mí me habría quedado allí eternamente, jajaja. Una de las vacaciones más bonitas de mi vida.
Playa de Los Genoveses (Cabo de Gata - Almería)
Nuestro periplo nos llevó a una de las puntas más bonitas de España: el Cabo de Gata y su pueblecito por excelencia, San José. Os lo recomiendo a todos aquellos que os gusten los acantilados, las playas vírgenes, los pueblitos con encanto y las aguas claras (y calentitas). El tiempo convulso que sufrimos ahora en el sur tardó en llegar lo que nosotros tardamos en poner punto y final a nuestras vacaciones, por lo que gran suerte la nuestra. Allí nos hartamos a jugar a las palas, anduvimos lo que no está en los escritos y salimos a correr por las mañanas -cuesta arriba, cuidao conmigo-. Así que mi faceta de quiero-y-parece-que-puedo-ser deportista no ha caído en el olvido -suena en este momento en mi cabeza el We Are the Champions-. 
La que sí que cayó en el olvido puede que fuera la moderación con respecto a la comida, porque he engullido como si no hubiera mañana. ¡Cuidado! Sin atracarme, sanamente, como persona que se lleva galletas a la playa y acaba comiéndose medio paquete mientras juega a las cartas, tal cual. He disfrutado de todo, del paisaje, de la comida, del deporte, incluso de alguna copita, y no me arrepiento ni me siento culpable. Siento que cada vez estoy más cerca de dejar mi TCA atrás y ser una persona normal, y eso mola. Pero ya profundizaré más en ese tema, ahora estamos con la vuelta a la carga.
Como podréis adivinar, hoy me pesé para ver por dónde volver a empezar a bajar los últimos kilitos. Para mi sorpresa sólo vi medio kilo más, un serrano 74,5kg., y digo sorpresa porque hasta ayer mismo estábamos merendando pasteles con chuches -como La última cena-. Ya es oficial el nuevo punto de partida, y aquí empieza un nuevo curso
 
Me veréis aquí más de lo que os gustaría.
Y recordad que winter is coming: habrá que estar buenorros para entonces.


Besetes,
Noa.


PD: Rafi, ya estoy, no te abandono más.